MISTICISMO
(tercera parte)
Misticismo
chino:
En
China, el confucionismo, que precedió la vida en China casi
desde sus comienzos hasta el siglo XX, es formalista y antimístico,
aunque el taoísmo como expuso su fundador tradicional, el filósofo
chino Lao-tsé tiene un marcado acento místico.
El sabio taoísta Shuangzi (siglo III a. C.) comparó
el estado de un experto taoísta al de un nadador capaz de navegar
por torrentes como un pez o al de un experto cocinero capaz de cortar
un buey en trozos con absoluta seguridad. Por eso fundó monasterios
organizados y una tradición de genuina contemplación
mística, aunque al relacionarse con la primitiva ciencia química
china produjo también alquimistas pseudomísticos, que
buscaban los elixires de la inmortalidad en lugar de la unión
con el Infinito.
Misticismo
en la antigua Grecia:
Las
ideas filosóficas de la antigua Grecia fueron ante todo naturalistas
y racionalistas, aunque un elemento del misticismo encontró
expresión en el orfismo, los misterios de Eleusis y otros ritos.
Un movimiento griego tardío, el neoplatonismo, basado en la
filosofía de Platón, presenta también influencias
de religiones misteriosas. Plotino fue quizás su mejor exponente
y su pensamiento ejerció una considerable influencia en el
cristianismo primitivo. El misticismo del periodo precristiano quedó
de manifiesto en los escritos del filósofo judeo-helénico
Filón de Alejandría.
Misticismo
islámico: El sufismo islámico adopta una forma de teísmo
místico muy parecido al del vedanta. Desarrollado en la temprana
historia islámica, el sufismo se centra en la unión
personal con Alá. A través de disciplinas ascéticas
y contemplativas, los místicos sufíes buscan la unión
directa con Dios lograda por el favor divino.
Dios
Es considerado
el ser en una religión.
En conceptos monoteístas, un único Dios es creador u
origen de todas las cosas que existen y se describe en términos
de atributos perfectos, por ejemplo, su infinitud, inmutabilidad,
eternidad, bondad, conocimiento (omnisciencia) y poder (omnipotencia).
La
mayoría de las religiones atribuyen a Dios ciertos rasgos de
carácter que se comprenden gracias a un lenguaje metafórico
o a una interpretación literal, como voluntad, amor y misericordia.
Concepciones de Dios
Muchos pensadores religiosos han sostenido que Dios es tan diferente
de los seres mortales que debe ser considerado en esencia como un
misterio más allá de la capacidad de comprensión
humana.
No
obstante, la mayoría de los filósofos y teólogos
han supuesto que es posible un conocimiento limitado de Dios y han
formulado diferentes concepciones de él en términos
de atributos divinos y trayectorias de conocimiento.
Enfoques filosóficos
y religiosos
Las concepciones filosóficas y religiosas han estado muy diferenciadas.
En el siglo XVII, por ejemplo, el matemático y pensador religioso
francés Blaise Pascal comparó de manera poco propicia
el «Dios de los filósofos», una noción abstracta,
con el «Dios de la fe», una realidad viva experimentada.
En
general, los místicos que reclaman la experiencia directa del
ser divino, han afirmado la superioridad de su conocimiento de Dios
a las demostraciones racionales de su existencia y de los atributos
propuestos por filósofos y teólogos.
Aunque
teólogos han intentado compaginar los enfoques filosóficos
y experimentales de Dios, como en la doble vía del teólogo
alemán del siglo XX Paul Tillich que habló de Dios como
la «causa del ser» y el «interés último»
Una cierta tensión es quizás inevitable, no obstante,
entre el modo en que los doctrinarios hablan de Dios y el modo en
que la mayoría de los creyentes piensan de El y lo experimenta.
Atributos
principales
Dios puede ser concebido
como trascendente (por encima del mundo) haciendo hincapié
en su «calidad de otro», su independencia absoluta y su
poder sobre el orden mundial; o como inmanente (habitando en el Universo),
resaltando su presencia y participación dentro del proceso
del mundo. Ha sido pensado como personal, como analogía con
los individuos humanos, pero algunos teólogos por otra parte,
han sostenido que el concepto de personalidad es inadecuada para Dios
y que debe ser concebido como impersonal o suprapersonal.
En las grandes religiones monoteístas, Dios es venerado como
lo Uno, la unidad suprema que abarca o ha creado todas las cosas;
pero el politeísmo, la creencia en muchos dioses, también
ha permanecido enriqueciéndose a través de la historia.
La doctrina cristiana de la Trinidad y doctrinas similares de otras
religiones admiten la unidad y la diversidad interna de Dios.
El
cristianismo es una modalidad de monoteísmo en que la unidad
completa de Dios ha sido modificada.
También se ha razonado que Dios tiene aspectos personales e
impersonales, o también que sólo él es auténticamente
personal y que en el ámbito de la finitud hay solo una aproximación
imperfecta al ser personal.
Estos
intentos de unir en manera dialéctica en Dios características
opuestas en apariencia, son comunes en escritores religiosos y místicos
y se proponen hacer justicia a la variedad y complejidad de la vivencia
religiosa.
El filósofo alemán del siglo XV Nicolás de Cusa,
por ejemplo, creyendo que Dios puede ser aprehendido a través
de la intuición mística, acentuó la «coincidencia
de opuestos» en Dios; el filósofo danés del siglo
XIX Sören Kierkergaard insistía en la naturaleza paradójica
de la fe religiosa. Estas formulaciones sugieren que la lógica
del discurso sobre Dios es diferente por sí misma a la lógica
que se aplica a las entidades finitas.
En el judaísmo, cristianismo e Islam, las tres religiones enraizadas
con la tradición bíblica, Dios es concebido ante todo
en términos de trascendencia, personalidad y unidad. A pesar
de las diferencias entre estas tres religiones las concepciones de
Dios tienen un obvio parecido similar.
Las
grandes religiones de Asia, sin embargo, pertenecen a una esfera muy
distinta. Incluso el uso de la palabra Dios en un contexto religioso
asiático puede ser engañoso, porque por regla general
lleva la connotación de personalidad.
Una
expresión más amplia que englobaría tanto la
idea de un Dios personal y la idea de un absoluto impersonal o suprapersonal
es el Ser Sagrado.
Los
nombres de Dios en las distintas religiones
El Absoluto recibe de los hombres distintos
nombres derivados de las distintas religiones. Dios, Alá, Ormuz,
Ishvara, Brahma, etc., son las diversas denominaciones con las que
los hombres identifican el nombre del supremo creador. Todos estos
nombres designan un ser personal, por eso en metafísica se
lo llama con un nombre impersonal, este es el íntimo o YO SOY.
YO SOY es absoluta unidad. Dios como autor y creador del universo
se manifiesta en tres aspectos fundamentales: Primero, el Padre; segundo,
el Hijo y tercero, el santo Espíritu Sagrado.
Esta unidad del todo diversificada en la trinidad se halla en varias
religiones.
En la egipcia tenemos a: Osiris, Isis y Horus.
En la escandinava: Odín, Freyre y Thor.
En la asiria y fenicia: Aun, Ea y Bel.
En la cábala judía: Kether, Binah y Chokmah.
En la cristiana: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
En la hindú: Shiva, Brahma y Vishnú.
En metafísica a estos tres aspectos de Dios se lo denomina
Yo Soy, y corresponde a tres atributos divinos: Poder, Sabiduría
y Actividad.
Cuando el Yo Soy decidió manifestarse emanó desde su
santísima trinidad: poder, sabiduría y actividad plasmando
de esta manera toda la creación.
En el centro del pecho del ser humano y a través de su cuerpo
causal, se manifiesta la llama energética trina (chispa divina
de la vida).
Esta triple llama está compuesta por la luz azul, dorada y
rosa. La luz azul de la justicia y voluntad suprema del padre celestial,
simboliza el primer aspecto de la trinidad, el poder.
La luz dorada se encuentra en el centro de las otras dos y simboliza
el aspecto de la sublime sabiduría. La luz rosa es el sublime
amor que lo abarca y compenetra todo y simboliza el aspecto de la
actividad suprema.