Misión Divina
La misión del hombre en la Tierra no consiste solamente en
satisfacer sus instintos y sentidos físicos. La misión
del hombre en este plano físico, es la de aprender en esta
escuela de vida y elevando sus estados de conciencia, evolucionar
a través del trabajo trascendente, para crecer espiritualmente.
Dios está latente en cada uno de los seres, que El crea a imagen
y semejanza suya. La buena voluntad es la voluntad de Dios. Dios guía
a todos los hombres de buena voluntad y el YO SOY está en ellos.
Desde hoy decidimos abandonar nuestra voluntad y crecer en la voluntad
de Dios.
Por propia decisión abandonamos toda creencia en algún
poder fuera de Dios. Tomamos conciencia que al desplazar nuestro ego,
dejamos de hacer nuestra voluntad y permitimos que nuestro Padre-Madre
Dios, habite en nosotros y se haga su voluntad.
Hoy comienza la «obra». Hoy al disolver nuestro ego y
dejar de querer hacer nuestra voluntad, comenzamos a hacer el trabajo
trascendente, por el cual fuimos llamados a este plano físico
terrenal.
Hoy comienza la realización de la obra más importante
para la meta humana.
Hoy decido convertirme, trasmutarme de homo sapiens a hombre estelar
cósmico espiritual. Hoy tomo conciencia que yo soy hijo de
Dios y estoy hecho a su imagen y semejanza divina. Hoy tomo conciencia
de que Dios es omnipotente, tiene todo el poder, YO SOY su hijo y
comparto ese poder.
YO SOY es más que un nombre, contiene en sí toda la
energía de la creación. Y de acuerdo con la ley metafisica
de la correspondencia, como es arriba es abajo.
Cuando decimos YO SOY no nos estamos refiriendo al yo inferior o carnal
o al ego humano sino al yo superior, la presencia de Dios individualizada
en cada uno de sus hijos hecho a su imagen y semejanza espiritual.
Al decir YO SOY nos referimos a la presencia de Dios, y es el Cristo
Interno quien declara esta sublime verdad.
YO SOY la esencia misma de la vida morando en tu interior, esperando
ser reconocido «YO SOY» la poderosa presencia de Dios
que habita en ti. «YO SOY»
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El trabajo
Se dice que el trabajo honrado produce dignidad,
salud y progreso. Esto es verdad, pero si ese trabajo al mismo tiempo
también ayuda a restaurar el plan de Dios sobre la Tierra,
eso es mucho mejor.
Estar ocupado en un trabajo estéril y mal
pago, a la postre terminará minando la salud física
y mental.
Todo tipo de trabajo, por más humilde que sea, si es realizado
a nivel de servicio humano, eleva al hombre generándole crecimiento.
Si solo se busca el intercambio de esfuerzo mental y físico
por una mera retribución monetaria, el ser simplemente habrá
estado perdiendo tiempo, energía y salud.
Como hijos del altísimo creador tenemos el derecho exclusivo
e inalienable de reclamar lo que poder derecho divino de conciencia
nos pertenece, una ocupación digna a todo nivel, que pueda
proveernos del sustento material que nos es necesario para nuestro
aprendizaje material.
Para ello podemos realizar el siguiente decreto:
Reclamo lo que poder
derecho de conciencia me pertenece, una ocupación digna y muy
bien remunerada, donde pueda servir al plan de Dios sobre la Tierra.
Que así sea y así será.
Que su poder, su voluntad y su luz nos guíen.