«YO SOY» ES MAS QUE UN NOMBRE, CONTIENE
EN SI TODA LA ENERGIA DE LA CREACION
Y de acuerdo con la ley metafísica de la
correspondencia (como es arriba es abajo), «Yo Soy» en los
cielos como «Yo Soy» en la tierra.
Cuando decimos «Yo Soy» no estamos refiriéndonos
al yo inferior o carnal, o al ego humano sino al yo superior, la presencia
de Dios individualizada en cada uno de sus hijos hechos a su imagen
y semejanza espiritual.
Al decir «Yo Soy» nos referimos a la presencia de Dios,
y es el Cristo interno que declara esta sublime verdad. ¿Acaso
alguien que no fuese Dios podría auto expresarse desde el auto
conocimiento de su real naturaleza con semejante autoridad? ¿Podría
autodeclararse vasija el barro refutándole su autoridad al alfarero?
Solo Dios puede autoconocerse e identificarse tomando conciencia de
sí mismo. Solo Dios habla con Dios.
¿Puede el cuerpo moverse, el cerebro pensar, la lengua hablar,
los oídos escuchar, los ojos ver cuando de ellos se ha retirado
la divina presencia de Dios, la vida «Yo Soy»?
«YO SOY» LA ESENCIA MISMA DE LA VIDA
MORANDO EN TU INTERIOR, ESPERANDO SER RECONOCIDO «YO SOY»
LA PODEROSA PRESENCIA DE DIOS QUE HABITA EN TI.
La mayoría busca a Dios sólo
cuando está necesitado
La mayoría busca a Dios cuando está necesitado, por
problemas de salud, pobreza, soledad, etc. Cuando se solucionan estos
problemas, normalmente muchos se olvidan de él, creyendo que
todo lo malo ya pasó.
Si no hay un cambio profundo en la creencia del pensamiento todo volverá
a su principio en concordancia con la ley del mentalismo.
Por la Ley de Causa y Efecto, todo lo que se ha plantado en el pensamiento
y germinado en la palabra, se cosechará en las obras.
Para comenzar una cosecha positiva, hay que sembrar la buena semilla
del pensamiento en la tierra fértil de lo profundo del inconsciente.
Los pájaros de la ignorancia se encargarán de comer las
semillas que caigan sobre la superficie del consciente humano (al costado
del camino del surco) y desde luego, estas no germinarán ni darán
fruto al ciento por uno. A esto se refiere Jesús en su parábola
del sembrador.
Lo que en verdad creemos, eso se manifestará. Podemos estar cotidianamente
decretando lo positivo, bueno y real, pero si en lo profundo de nuestro
ser, en nuestro inconsciente, no lo creemos de verdad, esto jamás
se plasmará.
Cuando a través de la armonización y la meditación
aquietamos nuestros cuerpos inferiores (físico, emocional y mental)
accedemos a las puertas de nuestro inconsciente y en él grabamos
en forma fiel, todo lo que podemos aprender y decretar sobre lo verdadero
positivo y real.
En la medida en que buceemos internamente buscando el sendero del crecimiento
espiritual, sobrevendrán las pruebas (la cosecha de la anterior
siembra en el error).
Cuando una solución alcalina ataca a un ácido en el mundo
físico, se produce una efervescencia.
En el mundo espiritual, cuando la verdad ataca al error, se produce
la misma efervescencia, es lo que denominamos catálisis espiritual.
Esto produce en algunos casos el agravamiento de la situación
que estamos tratando metacientíficamente.
Así no es de extrañar que cuando plantamos la buena semilla
de la verdad, se produzcan movimientos bruscos y profundos en toda nuestra
estructura inferior.
(Los perros ladran, señal que cabalgamos) Hay que seguir insistiendo
con el tratamiento metafísico hasta que el error, ya cansado
de gritar acalle su voz para siempre.
Al tiempo no le agrada que hagan las cosas sin él.
No podemos pretender en muy poco tiempo, limpiar el error que durante
años hemos plasmado en nuestra vida desde la creencia mortal.
Aunque el sendero esté lleno de piedras y espinas, nuestro dulce
maestro Jesús, nos brindará unas sandalias para transitarlo
sin lastimarnos
