En el aspirante hay varias señales que denotan la
semilla metafísica
(Cuarta parte)
Anteriormente hemos visto: El deseo
de servir; los deseos de conquistar la meta anhelada; el buen sentido
de la discriminación; el amor impersonal y la belleza. Ahora continuaremos
con este tema que indica que un aspirante al conocimiento metafísico
está en el camino adecuado para lograr su objetivo.
El sentido de la armonía: La
paz es movimiento en armonía.
Todo ser que se encuentre en una real paz también accede a la armonía
inmanente en la divinidad.
A veces se confunde la quietud con paz y el movimiento con la alteración.
Se puede estar quieto y por dentro en un estado de alteración profunda,
y también es posible realizar acciones mentales, emocionales y físicas
que generan movimiento mientras se está en una real paz.
Al estar sintonizado con la fuente de la suprema energía, el ser alinea
sus vehículos de manifestación inferior con la armonía universal.
Para enriquecerse en la paz y cultivar la armonía es menester centrar
la atención en la búsqueda honesta de las coincidencias, que se suscitan
en toda situación dejando de lado las disidencias propias en todo tipo
de relación humana.
El tema no es callarse ante una situación injusta, sino hablar correctamente
al respecto buscando puntos de coincidencia y entendimiento mutuo.
Es sano disentir para buscar un consenso y no para generar discordia.
Desde luego que es imposible lograr armonía afuera cuando no se la ha
cultivado adentro. A través de la armonización, meditación y recogimiento
interno, se irá logrando un paulatino desarrollo de la armonía interna.
Por último vemos como una buena
señal de la semilla metafísica el deseo de aprender este conocimiento.
Las ganas de aprender:
La motivación es necesaria para tener ganas de hacer algo. Y este
deseo se puede incentivar.
Cuando se ha sublimado suficiente el ego, se adquiere humildad.
La humildad es un subproducto de la verdad.
Todo aquel que dice la verdad sin pedantería y en el momento adecuado,
ejerce la humildad. Reconocer de verdad que no se sabe es uno de los
caminos hacia la sabiduría.
Cuando la verdad se manifiesta principia la humildad, luego le
sigue la sabiduría y como lógica consecuencia, se abren las puertas
de la motivación que generan ganas de aprender.
Es poco posible que alguien concrete algún tipo de meta si antes
no estuvo motivado a alcanzarla.
En el plano físico existen escuelas, universidades y facultades para
seguir distintas carreras de aprendizaje.
En estas instituciones los maestros y los profesores son los
encargados de impartir la enseñanza y si los alumnos así lo desean y
están preparados, pueden recibirla.
En los planos superiores como en el espiritual, las escuelas
etéricas funcionan casi de la misma forma. En ella todos los discípulos
que se encuentren adecuadamente preparados, abrirán las puertas de los
templos iniciáticos y el maestro espiritual etérico aparecerá por añadidura.
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Decreto o afirmación
Afirmar mental u oralmente la precitación
hacia nuestro mundo de lo pedido en oración o invocación,
es ejercer el divino derecho del hijo de Dios.
Con respecto a la fe, el apóstol nos dice que la misma es la
certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve.
Hay tres pasos fundamentales a seguir cuando se desea realizar un tratamiento
metafísico:
1) El pedido de lo deseado, a través de la oración o invocación.
2) Afirmar a través del decreto, que lo pedido ya se encuentra
en proceso de manifestación, puesto que el Padre ya lo ha concedido.
3) Agradecer al Padre, al maestro y a la representación de nuestra
fe religiosa que el pedido ya ha sido escuchado y concedido.
Vemos que el decreto forma parte de la trilogía indispensable
para manifestar lo pedido.
Debemos recordar que siempre que elevemos un pedido a Dios, solo se
manifestará y concretará el mismo si no es perjudicial
para nadie y es lo mejor para nosotros mismos. Muchas veces nuestro
ego y nuestra voluntad humana olvidan por momentos que todo debe estar
dentro del bien hacia todos los demás. Un pedido egoísta
o que perjudique a algún hijo de Dios, jamás se verá
concretado.
Asimismo, muchas veces creemos que algo nos beneficiará y la
cadena de causas y efectos puede perjudicarnos. Por eso hay que tener
en cuenta que cuando elevamos un pedido a Dios a través de una
afirmación o un decreto, estamos poniendo en sus excelsas manos
el asunto en cuestión y él nos guiará hacia lo
mejor para nosotros.
También vale recordar, que Dios no es sordo ni necesita permanentes
pedidos reiterados, por lo que una vez elevado el mismo hay que tener
en cuenta que basta con reforzarlo y luego sólo decretar y agradecer.
Su tiempo no es el mismo que el nuestro. La paciencia es la mejor compañera
hasta ver los resultados.