
Señales de peligro para el aspirante
metafísico (continuación)
Para terminar con las señales de peligro para
todo aspirante al conocimiento metafísico, veremos el tema de la lujuria.
La lujuria:
Cuando el sexo es hecho desde el amor, crea, dignifica,
enaltece y eleva. Pero cuando es realizado desde lo físico y solo para
satisfacer el deseo carnal, el derroche de energía que se produce es
grande.
En la base de la columna vertebral, reside la energía
del santo espíritu. En este centro de conciencia rádico y ubicado en
el plano etérico, se halla la poderosa fuerza del Kundalini.
Este poder le permite al ser humano abrir las puertas celestiales de
la divina creación y unirse a ella. A través de esta sublime energía
se traen niños al mundo.
El hombre y la mujer se unen, abren los portales astrales
y las chispas celestes que esperan encarnación se precipitan a las formas.
También desde ella se manifiesta la magna inspiración que plasman en
el mundo de las formas, los poetas, pintores, escultores, escritores,
científicos y pensadores de toda índole.
En los niveles etéricos este poder hace de puente entre
el plano espiritual y el plano físico material.
Cuando el hombre hace mal uso de esta poderosa energía, literalmente
se desconecta de la fuente sabia espiritual y lentamente va perdiendo
inspiración y fuerza creadora.
Lo ideal es situarse en el centro de esta escala polar.
La clave es hacer uso pero no abuso.
En el aspirante metafísico
hay varias señales que denotan la semilla metafísica
1) El deseo de servir
2) Las ganas de conquistar la meta anhelada
3) El buen sentido de la discriminación
4) Sentido de universalidad
5) El amor impersonal
6) La belleza
7) El sentido de la armonía
8) Las ganas de aprender
El deseo de servir:
El se encuentra en el mismo núcleo de la semilla del
buen aspirante.
El deseo de ayudar al prójimo sin intención de recibir nada a cambio
es su patrimonio.
Esto normalmente se observa en el campo social, familiar y laboral.
El servidor nato es aquel que siempre está dispuesto
con natural alegría a ayudar sin ser un entrometido ni llegar a la obsecuencia.
Aquel ser que abriga este don, es por naturaleza un incipiente ángel
metafísico encarnado.
A través del conocimiento metafísico el aspirante aprenderá
a ser eficaz en el servicio.
La buena elección de los momentos, las personas, las formas, y el tipo
de servicio adecuado y necesario para la ocasión, forman parte de la
eficacia mencionada.
Continuaremos desarrollando este tema en la próxima
publicación.
Testimonio de un metafísico
(continuación)
Una de mis primeras pruebas al comenzar mis estudios
dentro del conocimiento metafísico, fue considerar que no estaba
estudiando otra materia o asunto más, sino que por el contrario
era un tema por demás importante y serio. Habituado a leer distinto
tipo de material literario, comprendí que debía primero
que nada, darme cuenta lo importante de ir al principio lentamente,
para luego releer el contenido metafísico de cualquier libro
sobre este tema.
Más tarde, aprendí otra lección por mi propia cuenta.
Ya saben que a veces nos dicen las cosas pero que solo es válido
cuando uno las experimenta. Es entonces como, me atiborré de
lectura metafísica y solo obtuve un hermoso dolor de cabeza y
un sinfín de confusiones, producto del exceso de lectura sumado
a un material contradictorio.
Comprendí lo que me habían sugerido. Empecé a leer
con más serenidad. Procuré entender y asimilar más
lo que leía. A eso le sume el hecho de buscar lectura adecuada
al nivel que lentamente iba alcanzando, cada día un poco más.
También comprendí la gran importancia de leer material
metafísico ordenadamente y elegir lecturas de lo más sencillas
en mis inicios.
Es difícil rechazar libros que a uno le regalan pensando que
nos ayudan en el aprendizaje de la metafísica, pero aunque nos
hayan enseñado que «a caballo regalado no se le miran los
dientes», en este caso podemos perjudicarnos, confundiéndonos
por leer algo contradictorio o muy avanzado, y he visto como muchas
personas hasta pierden la fe, a causa de esto. Me llevó tiempo,
pero aprendí a seleccionar mi lectura y no abarrotarme de libros
sobre el tema.
Todos sabemos que es menester cuando se estudia ir por niveles como
en la escuela primaria o secundaria. De esta forma fui leyendo libros
sencillos y especialmente prácticos, porque el conocimiento metafísico
es para usarlo.
Fui descubriendo que hay mucho sobre la metafísica, pero el verdadero
concepto de metafísica es que debe considerarse una filosofía
práctica de vida. Por eso me encaminé para buscar la aplicación
lenta y paulatina de todo lo que iba aprendiendo.
De nada me sirvió leer sobre temas avanzados en metafísica
si ni siquiera era capaz de corregir mis pensamientos. Quizás
para otros es de sumo interés saber sobre los maestros ascendidos
o qué es lo que pasa en otra dimensión, por decir algo
al respecto. Pero yo tenía y tengo bastante con tratar de conocer
este mundo en el que debo vivir. Además, si yo no podía
corregir mis pensamientos en el error o en mis acciones reflejo de ellos,
era evidente que ni siquiera había asimilado el conocimiento
sobre las Leyes Metafísicas Universales.
Así fui dando pasos de niño, pero firmes, con la intención
de sentar raíces sólidas como un árbol. Creo que
cuando uno está fortalecido como un árbol, no hay viento
que nos mueva. Es decir, si mis raíces en el conocimiento metafísico
son sólidas, nada ni nadie podrá quitarme la fuerza y
la fe que he obtenido. De esta forma, podré hacerme cargo de
mis causas y efectos, y podré encaminarme en este plano terrenal
con más seguridad y apoyo en el Padre.
Cuando no hay bases sólidas en el conocimiento metafísico
cualquier persona puede hacer tambalear nuestro aprendizaje. Muchas
veces escuché las diferencias ocasionadas por conceptos metafísicos
de grupos que alardean saber más sobre tal o cual maestro ascendido,
o sobre los cambios que se van generando en otras dimensiones, o «mensajes
divinos recibidos». ¿Cuánto hay de cierto y verdadero
en esto?
El libre de albedrío significa la libre elección y en
uno está elegir donde quiere estar y adónde quiere ir,
luego debe hacerse responsable de su elección. Esto también
lo aprendí.
Cuando uno se deja arrastrar a lo fantasioso, sensacionalista o envuelto
en grandes demostraciones de ostentación, vestimentas extrañas
o rituales mágicos, muchas veces se olvida de lo primordial que
es reconocer nuestra esencia espiritual, siendo buenos hijos de Dios,
proyectando buenos pensamientos y acciones. Deberíamos preguntarnos
porqué necesitamos de esas ostentaciones, quizás perdemos
tiempo para no hacernos cargo de lo que debemos cambiar en nosotros.
A veces me vi tentado en que otro solucionara mis asuntos, pero comprendí
que si bien pueden enseñarme, hasta aconsejarme, el que debe
actuar es uno mismo. Nadie puede vivir mi vida, solo yo.
Quien comienza a redescubrir este conocimiento debe transitar su propio
camino. Muchos se acercarán a sugerir como, pero en definitiva,
si uno se pone en manos de Dios, no hay mejor guía. El siempre
está con nosotros, solo espera que le tendamos la mano para que
nos oriente. El trabajo lo hacemos nosotros.
La lectura es una parte de lo que cualquier metafísico o principiante
en este conocimiento hace al comenzar. Se suma a esto el proceso de
asimilación que provoca con el tiempo una práctica constante
y natural, en la que no hay que esforzarse por poner en marcha nuestro
conocimiento. Este fluye a partir de una práctica continua.
Esto se evidencia ante cualquier necesidad que tenemos durante nuestra
vida cotidiana. Nos permite mantenernos alerta para no ser engañados
por alguien; nos orienta hacia lo positivo y lo bueno; nos acerca hacia
los lugares más adecuados y a la gente afín a nosotros;
nos mantiene en la salud, provisión, amor, paz y todo lo que
nos acerca a nuestra fuente de vida, nuestro amado Padre-Madre-Dios.