La calcita, cuyo nombre deriva del latín calx (cal), es un mineral
muy común.
Es, en efecto, el componente principal, a veces el único, de rocas
como las calizas, los mármoles y los alabastros, de concreciones como
las estalactitas y las estalagmitas.
Los antiguos romanos usaban la calcita procedente de la antigua
Tebas en Egipto.
La calcita cristaliza en el sistema trigonal, en cristales romboédricos
o prismáticos, a menudo en intercrecimientos o maclas, incoloros o
blanquecinos cuando son puros, pero con frecuencia diversamente coloreados
(amarillo, rosado, verde, azul, etc) su raya siempre es blanca.
Presenta exfoliación perfecta según las caras del romboedro y un brillo
que varia de vítreo a nacarado.
Con frecuencia se presenta en forma de masas microcristalinas compactas
dando lugar a las típicas rocas denominadas mármoles.
La calcita no es dura, constituyendo el grado 3 de la escala de
Mohs, se raya fácilmente con navaja.
Desde el punto de vista óptico muestra el fenómeno de la doble refracción,
en efecto, observando un punto dibujado en una hoja de papel a través
de un romboedro de exfoliación perfectamente transparente de calcita,
se nota que la imagen del punto se desdobla.
Si se hace girar el romboedro sobre sí mismo, una de las dos imágenes
permanece fija, mientras que la otra gira alrededor de la fija formando
una circunferencia.
Esto sucede debido a que un rayo luminoso, al atravesar cualquier
mineral birrefringente, se desdobla en dos rayos que se propagan en
el interior del cristal con velocidades diferentes, esto, en el caso
de la calcita, el fenómeno que resulta es muy evidente.
Algunos cristales de calcita son fluorescentes a los rayos ultravioletas,
emitiendo luces rojas, amarillas, rosadas o azules, y con frecuencia
también termoluminiscentes.
Continuaremos con este tema en la próxima revista..