Piedra del Sol o Calendario azteca
Es probablemente el monolito más antiguo que se conserva
de la cultura prehispánica, cuya fecha de construcción fue alrededor
del año 1479.
Los motivos escultóricos que cubren su superficie parecen ser un resumen
de la compleja cosmogonía azteca.

Se trata de una roca de basalto olivino, de unas 25 toneladas y 3,58
metros de diámetro, tallada según algunos arqueólogos, a finales del
siglo XV.
Fue hallada en el zócalo de la ciudad de México el 17 de diciembre
de 1790, con motivo de las obras que se llevaron a cabo para el nuevo
empedrado de dicha plaza.
En principio fue colocada en una de las torres de la catedral; más
tarde, en 1885, pasó al Museo Nacional en el centro de la ciudad y
finalmente, en 1964, al recién inaugurado Museo Nacional de Antropología,
en cuya sala Mexico se encuentra en la actualidad.
Los numerosos motivos allí esculpidos parecen relacionarse
con la astronomía, la cronología y la cosmogonía de los antiguos mexicanos.
La piedra presenta una decoración en círculos concéntricos
que de interior a exterior parece representar: en el centro el rostro
de Tonatiuh (dios del Sol) con adornos de jade y cuchillo de sacrificio
en la boca; enmarcando el rostro del Sol está la presencia del símbolo
ollín (movimiento), en donde cada aspa tiene cuadretes con representación
de los cuatro soles o edades anteriores, que en conjunto con las garras,
el rostro central y los rayos conforman el símbolo del quinto Sol,
el Sol del hombre nahua (Nahui-Ollín) nacido en Teotihuacán.
A continuación se encuentra el círculo de los veinte días, que se
corresponde con la representación de un mes (el calendario náhuati
constaba de 18 meses, de 20 días cada uno, lo que suma un total de
360 días más 5 días nemontemi o aciagos), el círculo comienza por
la parte superior y de manera inversa a las manecillas del reloj se
representan 20 glifos, que simbolizan a cada uno de los días. Junto
a éste se encuentra el círculo con los cuatro rumbos del Universo
y los rayos solares.
Delimitando toda la representación del disco solar están dos serpientes
de fuego, cuyas colas se encuentran en la parte superior, lugar donde
está representado el glifo 13, que para algunos se relaciona con el
año del surgimiento del quinto Sol, como con la fecha de la construcción
del monolito.
Escribas: del latín, scribere,
«escribir», en la antigüedad eran los hombres que
actuaban no sólo como copistas, sino como redactores e intérpretes
de la Biblia y de la Ley.
Entre los judíos, un escriba (del hebreo,
sopher) era un copista de la Ley o un secretario que de un modo paulatino
se convertía en copista oficial, lo que equivalía, en
cierta forma, a un secretario oficial o de Estado. El escriba era
un hombre culto preocupado por la letra de la Ley y versado en las
Escrituras.
Los escribas de los fariseos y de los saduceos representaban diferentes,
y a menudo opuestas, interpretaciones de las leyes del judaísmo.
En el siglo I d. C. los escribas fueron los preservadores del judaísmo,
tras la destrucción del templo. Entre los griegos, los escribas
también empezaron como copistas (en griego, grammateus) y se
convirtieron en comentaristas de la Ley (en griego, nomodidaskalos).
Fariseos: denominados unas veces secta y otras escuela
de pensamiento judío, surgen como grupo o partido independiente
en el siglo II a. C. Basaron su identidad en mantener una fuerte resistencia
a todas las influencias griegas o extranjeras que amenazaban con minar
la sagrada religión de sus padres, cumpliendo al pie de la
letra lo estipulado por la Ley divina. Aunque surgieron con el nombre
de hasidim, pasaron a ser denominados fariseos en la época
en que Juan Hircano fue sumo sacerdote de Judea.
Los saduceos se enfrentaban a ellos en asuntos políticos y
en cierta medida, en cuestiones religiosas. Los fariseos deseaban
que el Estado y la totalidad de los asuntos públicos y políticos
estuvieran regidos y se midieran de acuerdo a la ley divina, enfrentándose
a los aristócratas y saduceos, muy abundantes entre la clase
sacerdotal o a los estadistas, que habían conseguido llevar
a feliz término las guerras sirias.
Su doctrina se basaba en el judaísmo ético, espiritual,
y en ocasiones, místico, que había permitido a la religión
sobrevivir a la destrucción del Templo de Jerusalén
(70 d. C.), y más tarde se convertiría en la forma dominante
del judaísmo.
En su condena a los fariseos registrada en el Nuevo Testamento (Mt.
23), Jesús se está refiriendo en realidad a los fariseos
hipócritas, condenados también por el Talmud. Entre
los diversos tipos se cuentan aquellos que hacían ostentación
de sus buenas acciones, aunque también se menciona al «fariseo
temeroso de Dios», como el patriarca hebreo Job, y al «fariseo
amante de Dios».Estos últimos aparecen incluso en los
Evangelios como partidarios de Jesús (Lc. 7,37; 13,31) aunque
no tanto de su doctrina.