GUÍA
PARA EL ASPIRANTE METAFÍSICO
Un
aspirante metafísico es aquel que busca el contacto con la
fuente suprema de la divina sabiduría.
Esta fuente es tan importante que el mismo Salomón le ofrendaba
a Dios todas sus riquezas a cambio de beber un solo trago de ella.
La meta de un aspirante esta íntimamente ligada a un ideal
relacionado con el bienestar de la humanidad.
Los aspirantes que han llegado a ser metafísicos son verdaderos
héroes que a través de su servicio desinteresado e impersonal
iluminan a la humanidad en todo su desarrollo y crecimiento.
Ellos, a través de su abnegado servicio, han protegido a la
raza humana de su peligrosa ignorancia evitando así su auto
exterminio.
Un amplio porcentaje de estos héroes nacen, como el ave fénix
de las cenizas de su propio ego. Algunos pocos son verdaderos iluminados
de nacimiento.
Se los puede encontrar manifiestos en diversos campos del quehacer
humano, no solo en el metafísico sino también en la
educación, la religión, la filosofía y las artes.
El verdadero metafísico no es un teórico soñador
que vive solo para meditar. El manifiesta armoniosa actividad y es
un ejemplo viviente de esta poderosa afirmación:
YO SOY LA PRESENCIA DE DIOS EN ACCIÓN MANIFESTANDO
BELLEZA, BONDAD, ALEGRÍA, PUREZA Y LIBERTAD.
Si un buscador
de la verdad desea iniciarse en el sendero espiritual deberá
observar y respetar ciertos lineamientos:
1: Profilaxis física, mental y emocional.
2: Cuidar lo que se habla y se escucha.
3: Entrenarse para disciplinar cuerpo y mente.
4: Comprender que en realidad lo único que sabe es que no sabe
nada.
Si el aspirante
logra algo de lo anteriormente mencionado podrá comenzar a
transitar el sendero que lo conducirá a su despertar espiritual.
Si no está dispuesto a generar estos cambios mínimos,
lo más probable es que el aspirante interprete mal gran parte
de los conocimientos espirituales que se le imparten, usándolos
egoístamente para su propio interés. Es de observar
que el verdadero y duradero bienestar que sobreviene al conocimiento
espiritual se logra luego de la sublimación del ego humano
y de un adecuado periodo de servicio desinteresado a la humanidad.
Causa y efecto en la búsqueda
divina
La ley
del círculo, bumerang o ley de causa y efecto está íntimamente
ligada a la ley del ritmo o del péndulo.
Cuando
este péndulo completa una oscilación le hace llegar
al ser toda la cosecha de su siembra.
En el
plano físico todo tiene su tiempo. Tarde o temprano el producto
de la devoción y aprendizaje efectuado de corazón en
una vertiente espiritual dará sus frutos al ciento por uno.
Si por impaciencia no se espera la oscilación completa del
péndulo e impacientemente se cambia de vertiente se puede correr
el riesgo de confundirse y pensar que el cambio ha sido acertado y
la verdad ha sido encontrada.
La confusión que generará este hecho nos hará
perder el precioso tiempo con el que contamos en este plano físico
para transitar nuestro necesario aprendizaje en esta escuela de vida
material.
Todos los caminos conducen a Dios si se persevera, se tiene paciencia
y se transitan desde el amor.
Recordemos
como nos dicen las Sagradas Escrituras: Que el reino celestial es
de los que se esfuerzan y perseveran.
Por ley de causa y efecto el que siembra dolor cosechará dolor.
El que genere desconsuelo buscando placer, vivirá en el dolor.
El dolor que produce el abstenerse de tomar el camino fácil,
genera crecimiento, puesto que el ser madura en este dolor.
Si el hombre es seducido por el camino placentero de la satisfacción
de su ego todo el placer que pudiese lograr a través del engaño
y la mentira, luego se convertirán en un profundo desasosiego
que no generará crecimiento.
Es conveniente reflexionar al respecto que a la hora de decidir.
Es preferible
elegir el dolor que produce la abstención y genera crecimiento,
y no el absurdo dolor que indefectiblemente sobrevendrá, luego
de atravesar el atajo placentero de la satisfacción lograda
al obtener deshonestamente la meta anhelada.
No hay deuda que no se pague ni plazo que no se cumpla. La
ley de Causa y Efecto funciona siempre sin cesar.