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CRISIS DE FE En los albores del año 2000 la humanidad se halla en un estado de completa desesperanza. Su crisis de identidad con la esencia está en uno de los puntos más críticos de toda su historia. Paradójicamente, la ciencia ha alcanzado en menos de cien años grandes logros tecnológicos. Estos avances han logrado comunicar entre sí a casi la mayoría de los hombres que pueblan el mundo. Hoy nos es común ver, escuchar y comunicarnos en forma
directa con acontecimientos que ocurren a cientos de miles de kilómetros
de distancia. Sería normal suponer que todo este gran avance tecnológico produjera en la población mundial un estado de saludable tranquilidad y próspera unión. Pero todos sabemos que por desgracia esto no es así y por el contrario, es generalizada la desazón, el miedo, la desconfianza y los estados límites de enfermedad, pobreza y soledad. La humanidad se encuentra en una de sus crisis de fe más profunda, por ello no es capaz de disfrutar con paz y alegría los logros científicos y tecnológicos que arduamente ha conquistado. Casi toda la ciencia médica dirige su arsenal de conocimientos
solamente a la parte física, tratando de curar los efectos producidos
por las diversas enfermedades, sin prestarle mayor importancia a las
causas que precipitaron estas patologías. Con el dinero podremos comprar la cama más suntuosa pero no el sueño; las prestaciones médicas más sofisticadas pero no la salud; los más exóticos manjares pero no el apetito; la compañía más bella pero jamás su amor. Solamente en un estado de completa paz interna, el hombre podrá volver a contactar con la fuente de su real y atemporal energía. En el agua de esta fuente se halla el secreto de su eterna realidad y bebiendo de ella despertará a la verdad de ser uno con aquello que lo circunda y de esta manera, disfrutar sana y plenamente de todo lo que con tanta dedicación y esfuerzo ha logrado conseguir. |