Grados de evolución.


La vida de la personalidad que evoluciona puede ser dividida en cinco partes. Después de todo, nuestra evolución es quíntuple, y la vida del hombre (como ser humano y antes de alcanzar la quinta iniciación) puede ser considerada como una serie de cinco etapas sucesivas, cada una de las cuales es posible medir por el estado en que se halla la Llama del Espíritu que en él mora.


Desde el punto de vista de nuestra Jerarquía planetaria oculta, somos medidos por nuestra luz.

La primera etapa de nuestro progreso podría medirse desde el momento en que el hombre animal se convirtió en entidad pensante, un ser humano, hasta la actuación consciente del cuerpo emocional o etapa en que mayormente predominan las emociones.

Esto corresponde a los períodos de la época Lemuria y a los primeros días de la Atlántida.

Durante el actual período el hombre se halla polarizado en el cuerpo físico y está aprendiendo a ser controlado por su cuerpo de deseos el de los sentimientos y de las emociones.


No tiene más aspiración que satisfacer los placeres del cuerpo; vive para su naturaleza física, y no posee idea de nada superior.


Este período se asemeja al de la infancia, de uno a siete años.

En el actual período, los atentos Instructores de la raza ven la Llama interna como un diminuto punto, y el átomo permanente del plano físico retiene la polarización.


Esto no demanda la atención de los Instructores, porque la fuerza instintiva inherente al Yo superior realiza la tarea, y la fuerza impulsiva de la evolución lleva todo hacia la perfección.

La segunda etapa comprende un grado de evolución en que la polarización se halla mayormente en el cuerpo emocional, y se está desarrollando la mente inferior de deseos.

Los postreros días de la Atlántida son una analogía de esto.

Los deseos no son tan puramente físicos, porque la mente comienza a introducirse en forma similar a como la levadura fermenta la masa.

El hombre es consciente de deseos indefinidos no asociados al cuerpo físico; puede sentir un profundo amor por los instructores y guías más sabios que él; devoción irracional e incontrolada por quienes lo rodean, y odio también irracional e incontrolado porque le falta el equilibrio que la mente proporciona, y la estabilidad es la resultante de la actividad mental. Debido a esto el hombre sufre por sus extremismos.

La polarización ahora se halla en el átomo emocional permanente(átomo Nous), pero (cuando se alcanza este grado de desenvolvimiento) actúa una luz entre los dos átomos que han experimentado la polarización el emocional y el físico.

En claro es que, en esta etapa, la unidad mental no ha sentido la fuerza de la polarización, estando retenida por lo emocional, dando por resultado una diferencia integral dentro de la periferia del átomo mismo.

Las combinaciones electrónicas que componen el átomo que ha experimentado la polarización, están agrupadas en una forma geométrica diferente de la de aquellos que no han experimentado el proceso.

Esto es efecto de la vida del Ego, que actúa sobre la materia del átomo, causando varias aproximaciones y diferenciaciones invisibles en un átomo no polarizado.

El tema es oscuro y complejo.

Este período es análogo a la etapa de la vida del niño desde los siete a los catorce años; o sea el período de la adolescencia, en que el niño madura.


Esta madurez es consecuencia de la polarización lograda en el alineamiento de lo emocional y físico.


Este alineamiento se efectúa hoy fácilmente entre los cuerpos físico y emocional.


El problema consiste en alinear a ambos con el cuerpo mental y después con el egoico.

Los Guías que observan a la raza, pueden ver en el hombre la llama o la Luz interna un poco más grande, pero aún tan pequeña que es casi imperceptible. Pero si es posible poner las cosas más claras, sin producir confusión por el empleo de las palabras.

 

Así como en el primer período el átomo físico podía haberse iluminado, ahora en el segundo, el átomo emocional está similar mente iluminado, lo cual constituye para los Instructores una señal de que el trabajo progresa.

Todo esto abarca un vasto período de tiempo, porque el progreso en el presente período es extremadamente lento. La alusión a las razas Lemuria y Atlante, no tiene más objeto que trazar una analogía como ejemplo, pero no una analogía del tiempo.

Al entrar en la tercera etapa, llegamos al momento más vital del desenvolvimiento del hombre en el cual es desarrollada la mente, y la vida polarizada se trasfiere a la unidad mental.

Hablando en términos del sistema solar y considerando a la humanidad como una unidad, cuyos átomos permanentes forman las moléculas del correspondiente átomo cósmico, el trabajo ha progresado de la polarización física a la emocional y ahí permanece.

El átomo mental cósmico, en el cuerpo del Logos, no alcanzará la polarización hasta el séptimo ciclo del ciclo mayor, cuando el sistema sea llamado a la obscuración y fuera de la manifestación.

En todas partes los individuos, como unidades, realizan el trabajo y constituyen, por lo tanto, una esperanza para todos.

Este tercer período corresponde, en el ser humano, al que trascurre desde los catorce a los veintiocho años, siendo dicho período muy extenso, porque es mucho lo que debe hacerse.


Dos átomos han experimentado la polarización, y otro es trasladado al mental, constituyendo el punto medio.

En esta época la Luz actúa entre los tres átomos (delineando el triángulo de la personalidad).
Pero el punto focal se va trasladando gradual y acrecentadamente a la unidad mental, mientras el cuerpo egoico, gradualmente, se va integrando y asume sus debidas proporciones.

El hombre controla el cuerpo físico, y en cada vida construye uno mejor; posee un cuerpo de deseos cuyas exigencias son más refinadas; comprende los goces del intelecto y lucha por poseer un cuerpo mental más apropiado; sus deseos tienden hacia arriba y no hacia abajo, trasmutándolos en aspiración primero aspiración por las cosas de la mente, después por cosas más abstractas y sintéticas.

La Llama o Luz egoica interna irradia ahora desde un centro interno hacia la periferia, iluminando al cuerpo causal y dando la impresión de que arde.

Para la Jerarquía observadora es evidente que el fuego divino compenetra, calienta e irradia a través de todo el cuerpo causal, y que el Ego es cada vez más consciente de su propio plano y se interesa vía los átomos permanentes por la vida de la Personalidad.

El cerebro físico de la Personalidad, no se da cuenta aún de la diferencia que existe entre la capacidad mental inherente y la impresión dirigida por el Ego; pero se está acercando el momento en que se producirá algún cambio y la evolución avanzará con mayor rapidez.

Se acerca la cuarta etapa.

Todo lo que antecede no se desarrolla en secciones ordenadas, si así puede expresarlo. Prosigue como lo hace el sistema mayor, en constantes superposiciones y paralelamente, debido al inherente rayo del Espíritu o Mónada, a los cambios cíclicos y a la diversidad de fuerzas que actúan astrológicamente y con frecuencia de centros cósmicos desconocidos en la vida que palpita dentro de los átomos.

Continuara

 

 
 
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