Nuestro sistema nervioso central pertenece al mundo
físico o el cuerpo material; pero de ese sistema sale otro
segundo llamado el Sistema Simpático,
que pertenece al mundo psíquico, por medio del cual podemos
comunicamos con el mundo real e invisible.
La aspiración del gran aliento de vida
dirigido al sistema nervioso, nos conduce infaliblemente al Sistema
del Gran Simpático que nos comunica con nuestros Centros
de Conciencia Internos del
Hombre, fuentes del Saber,
Poder y Energía.
Hay muchos que preguntan:
¿Qué haremos para
ayudar a la humanidad?
La contestación es:
Ser buenos. Porque el hombre bueno es una bendición sobre
la humanidad.
Con su presencia carga el ambiente con vibraciones bondadosas, y con
sus átomos de luz impregna las mentes sensibles y las inspira
a seguir la realización de la Gran
Obra. La bondad, el amor y el saber se manifiestan
en el mundo objetivo por el sistema nervioso.
Por intermedio del sistema simpático nos ponemos en contacto
con el mundo interno y con el sistema nervioso central lo manifestamos
en lo externo.
Con la inhalación del Gran Aliento de Vida
podemos abrir la puerta que comunica el sistema nervioso cerebroespinal
con el Simpático. Esta es la puerta del Edén,
defendida por el ángel
de la espada flamígera.
“Tocad y os será
abierto” se ha dicho.
Con la aspiración el hombro toca” aquella puerta; el
mismo ángel la abre para conducirlo a un centro
de conciencia dentro de su corazón, en donde
le será dado según su petición y hallará
lo que ha buscado.
Este es el significado de la alegoría del Génesis que
dice que el hombre fue arrojado fuera del Edén (de
su Reino Interno), a donde lo quedó prohibida la entrada.
El ángel de la espada de fuego
aniquila todo átomo denso que trata de entrar por esta puerta.
Con la aspiración y el amor podemos atraer
al cuerpo físico vibraciones del mundo interno, que nos sutilizan
para poder volver al Edén y morar en él.
El primer Maestro de Sabiduría
a quien debemos ir para aprender y practicar sus enseñanzas,
es el Cristo interior.
El es el Gran Arquitecto de nuestro
Universo.
Este maestro arquitecto reside en el Chakra
Coronario. Es el constructor del cuerpo templo
físico. Su material de construcción son los átomos
aspirados por nosotros desde el momento de nacer.
Con nuestra aspiración pura damos materiales puros al Gran
Arquitecto de nuestro universo y nos ponemos en contacto
con él.
El objeto de la Aspiración del Gran Aliento es purificar la
sangre, vehículo de Yo Soy, porque El Cristo interior no puede
habitar sino en la sangre más pura del corazón.
El Gran Arquitecto
fabrica su universo por medio de la sangre.
Al hombre que está interesado en servir se le exige grandes
aspiraciones, llenas de Energías, para reanimar a los átomos
constructores que fueron debilitados por la vida errada e inarmónica.
El hígado, es el laboratorio de los átomos constructores
de la vida corporal, mientras que los pulmones son proveedores de
los constructores psíquicos.
El hígado es el centro de
la imaginación.
Para tener una imaginación sana en un cuerpo sano, hay que
vitalizar lós Chakras que se hallan en el área del Hígado,
con este ejercicio:
Inhalar profundamente por la nariz, retener el gran aliento, palpar
la Zona del hígado enviándole pensamientos de energía
y por último, dirigir a estos átomos, algunas frases
o palabras de agradecimiento.
Sólo el hombre correcto y justo
puede obtener la ayuda de estos átomos constructores por medio
de la aspiración pura.
Los pensamientos de odio aniquilan la fuerza de los buenos átomos
trabajadores y originan la enfermedad en el cuerpo psíquico
para luego reflejarse en el físico.
El arquitecto de nuestro universo nos pide siempre material puro
y adecuado para nuestra evolución.
Cada ser es el forjador de su propio
destino, tiene la facultad de elegir el camino en
la vida y nadie ha intervenido ni intervendrá en su destino.
El ser que rasga el velo y observa su mundo interior puede comprender
el sufrimiento de sus ángeles internos, que luchan para conservar
la armonía del cuerpo con el Infinito.
Algún día, cuando los hombres desarrollen todos sus
centros angélicos,
toda la humanidad será una sola
familia, sin fronteras ni limitaciones.
El cuerpo tiene átomos buenos y errados; robustos y débiles.
La aspiración pura elimina los errados y fortifica los débiles
para convertirnos en seres sanos y robustos y obtener la ayuda de
nuestros ángeles guías.