El Gran Aliento de Vida 2º parte

 

 

 

 

 

Nuestro sistema nervioso central pertenece al mundo físico o el cuerpo material; pero de ese sistema sale otro segundo llamado el Sistema Simpático, que pertenece al mundo psíquico, por medio del cual podemos comunicamos con el mundo real e invisible.

La aspiración del gran aliento de vida dirigido al sistema nervioso, nos conduce infaliblemente al Sistema del Gran Simpático que nos comunica con nuestros Centros de Conciencia Internos del Hombre, fuentes del Saber, Poder y Energía.

Hay muchos que preguntan:

¿Qué haremos para ayudar a la humanidad?

La contestación es:

Ser buenos. Porque el hombre bueno es una bendición sobre la humanidad.
Con su presencia carga el ambiente con vibraciones bondadosas, y con sus átomos de luz impregna las mentes sensibles y las inspira a seguir la realización de la Gran Obra. La bondad, el amor y el saber se manifiestan en el mundo objetivo por el sistema nervioso.

Por intermedio del sistema simpático nos ponemos en contacto con el mundo interno y con el sistema nervioso central lo manifestamos en lo externo.

Con la inhalación del Gran Aliento de Vida podemos abrir la puerta que comunica el sistema nervioso cerebroespinal con el Simpático. Esta es la puerta del Edén, defendida por el ángel de la espada flamígera.

“Tocad y os será abierto” se ha dicho.

Con la aspiración el hombro toca” aquella puerta; el mismo ángel la abre para conducirlo a un centro de conciencia dentro de su corazón, en donde le será dado según su petición y hallará lo que ha buscado.

Este es el significado de la alegoría del Génesis que dice que el hombre fue arrojado fuera del Edén (de su Reino Interno), a donde lo quedó prohibida la entrada.

El ángel de la espada de fuego aniquila todo átomo denso que trata de entrar por esta puerta. Con la aspiración y el amor podemos atraer al cuerpo físico vibraciones del mundo interno, que nos sutilizan para poder volver al Edén y morar en él.

El primer Maestro de Sabiduría a quien debemos ir para aprender y practicar sus enseñanzas, es el Cristo interior.

El es el Gran Arquitecto de nuestro Universo.

Este maestro arquitecto reside en el Chakra Coronario. Es el constructor del cuerpo templo físico. Su material de construcción son los átomos aspirados por nosotros desde el momento de nacer.

Con nuestra aspiración pura damos materiales puros al Gran Arquitecto de nuestro universo y nos ponemos en contacto con él.

El objeto de la Aspiración del Gran Aliento es purificar la sangre, vehículo de Yo Soy, porque El Cristo interior no puede habitar sino en la sangre más pura del corazón.

El Gran Arquitecto fabrica su universo por medio de la sangre.

Al hombre que está interesado en servir se le exige grandes aspiraciones, llenas de Energías, para reanimar a los átomos constructores que fueron debilitados por la vida errada e inarmónica.

El hígado, es el laboratorio de los átomos constructores de la vida corporal, mientras que los pulmones son proveedores de los constructores psíquicos.

El hígado es el centro de la imaginación.

Para tener una imaginación sana en un cuerpo sano, hay que vitalizar lós Chakras que se hallan en el área del Hígado, con este ejercicio:

Inhalar profundamente por la nariz, retener el gran aliento, palpar la Zona del hígado enviándole pensamientos de energía y por último, dirigir a estos átomos, algunas frases o palabras de agradecimiento.

Sólo el hombre correcto y justo puede obtener la ayuda de estos átomos constructores por medio de la aspiración pura.

Los pensamientos de odio aniquilan la fuerza de los buenos átomos trabajadores y originan la enfermedad en el cuerpo psíquico para luego reflejarse en el físico.

El arquitecto de nuestro universo nos pide siempre material puro y adecuado para nuestra evolución.

Cada ser es el forjador de su propio destino, tiene la facultad de elegir el camino en la vida y nadie ha intervenido ni intervendrá en su destino.

El ser que rasga el velo y observa su mundo interior puede comprender el sufrimiento de sus ángeles internos, que luchan para conservar la armonía del cuerpo con el Infinito.

Algún día, cuando los hombres desarrollen todos sus centros angélicos, toda la humanidad será una sola familia, sin fronteras ni limitaciones.

El cuerpo tiene átomos buenos y errados; robustos y débiles.
La aspiración pura elimina los errados y fortifica los débiles para convertirnos en seres sanos y robustos y obtener la ayuda de nuestros ángeles guías.

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