El sendero de los 7 peldaños (4º Parte)

La unión dice: ¡El Padre y yo somos uno.

¿Qué ocurre durante la unión con la fuerza universal o con el espíritu eterno, también llamado Dios Padre o conciencia universal Mater Pater?

En cuanto al alma ha abierto su cuarto centro, el centro del Cristo, entra en la ante sala del Santuario de Dios.

Así el Centro del Cristo abre al alma más posibilidades.

Una vez llegado a la antesala de la existencia eterna, el cuerpo etéreo, que ha disuelto en gran parte sus cargas, experimenta la visión interna del alma y se le abren diversas posibilidades.

El ser espiritual que ahora asciende hacia la perfección y unión, ve imágenes de las dimensiones superiores eternas.

Despierta a estados de conciencia superiores y experimenta cuando su cuerpo físico esta dormido, sueños de advertencia y acontecimientos que vivencia durante sus viajes astrales.

El ser viajante se encuentra con los miembros de su familia espiritual, los ve en su esencia primaria.

Ya no le son extraños por que los ámbitos de conciencia superiores se han abierto, pues el alma se ha desarrollado en cuerpo espiritual.

El cuerpo físico percibe esta alegría del alma y se deja estimular por ella.
Con este estímulo no solo el alma entra en esta continua adoración a Dios, su Señor, sino también la estructura humana se va refinando.

Aunque, el hombre todavía tienen horas, en las que cae en algunos grados de vibración más bajo, entrando así en un breve letargo, se recupera pronto, por que su alma constantemente le transmite instrucciones, que le recuerdan la meta.

Con el activo amor al prójimo y con la oración, no sólo para él sino sobre todo para su prójimo, el alma y el hombre entran en la conciencia universal del Padre.

El hombre cada vez se suelta más y se vuelve más tranquilo. Realiza fácilmente sus actividades terrenales.
Sabe que, al haber abierto sus centros de conciencia, Dios su Padre, le ayuda directamente.

Cuando brevemente le sobrecoge el mundo, aun oirá de vez en cuando buena música, pero poco a poco su ser se volverá más y más alegre.

Una profunda felicidad alcanza su alma y a su envoltura externa carnal.

El alma percibe la música de las esferas celestes.

La música de las esferas que percibe el alma, la transmite a su cuerpo físico, estimulándolo e incitándolo a la alabanza.

Sobrecogido por esta armonía de los Cielos, el hombre y el alma alaban y veneran a la divinidad absoluta.

Una alabanza tras otra le es ofrecida a Dios Padre y a Su Hijo, hasta que se produce la fusión en la que el hijo cae en los brazos del Padre, en la conciencia universal, y ya sólo experimenta felicidad.

Durante este despertar el hombre ya no siente peso ni masa terrenal. Ya no siente su cuerpo, porque el espíritu de Dios domina completamente la materia.

El alma que se ha convertido en cuerpo etéreo, y el hombre en unión con Dios experimenta la felicidad de los Cielos.

Una felicidad indescriptible penetra en el ser humano y lo llenan de una armonía divina, en la que no hay lugar para pensamientos terrenales.

Una y otra vez el alma estalla en júbilo y se vierte en su envoltura terrenal.

El júbilo, la adoración a Dios, se vierte en la palabra, el verbo creador del hombre que se ha fusionado almicamente

 

Oh Luz divina, amiga de mi alma, que me has salvado de las profundidades, y me sostienes en Tus brazos.


Oh Salvador de mi alma.

Perfume de rosas, que hechiza a todas las rosas.

Hermoso jardín Celeste, en el que voy contigo de la mano.

Adorno de mi alma.

Corona de mi vida.

Espíritu, que derrumbas todos los muros.

Viento, que haces callar a todo lo inferior.

Brisa susurrante, que acaricias el alma hasta que despierta y se une a la voces de los vientos eternos.

O luz, que vences las tinieblas y que cubres todo lo inferior.

Ola del mar, que te alzas y lo allanas todo.

Gloria del alma y bálsamo de mi vida.

Sol, que alimentas a todos los soles.

Forma de todas las formas.

Luz de todas las luces.

Fuerza de todas las fuerzas.

Creador sublime del universo.

Añoranza de toda alma.

Esperanza, en la que puede confiar cada ser.

Sagrada Luz divina, que me invade.

Yo soy Tu hijo amado, gracias padre de todos mis hermanos.

Me sumerjo en Tus brazos de Padre universal, descansando, confiando completamente en ti, permanezco en Tu palabra todopoderosa
‘hágase’.

He encontrado la paz, mi Dios y Señor, por la fuerza impulsora de Tu hijo Jesucristo.

Me inclino y beso el borde de Tu vestidura,

Oh Majestad divina, de todo el universo.

El Éter, de luz absolutamente pura y más elevada invade mi ser,

Oh felicidad, oh gloria que me son concedidas.

He vuelto a casa por ti, Jesucristo, al amparo de Dios, Padre.

Sólo el supraéter de la luz divina llena todo mi ser, purificando mi vida, alcanzándolo todo.

Con esta existencia reconocedora voy por la Tierra y aun así estoy en Casa.

Pues yo lo te he encontrado y me he dejado caer en tus brazos.

Amado Señor, has resucitado en mí, caminas a mi lado junto mi eterno ser , Padre mío tu y yo estamos unidos en la absoluta felicidad.

 


Aquella alma que haya abierto sus siete centros de conciencia habrá regresado a la morada de las mil habitaciones de su Padre Madre Celestial.

 

El camino purificador pasa por los cuatro planos astrales y por los tres ámbitos de conciencia, que transmiten al alma la ley universal del Padre, paciencia, amor y misericordia, para que pueda pasar por el portal de rosas que lleva a la conciencia etérea absoluta.

El camino de la redención a través de los siete centros de conciencia ya puede ser recorrido por hombre.
Esta posibilidad de trascendencia le ha sido concedida a todos los hombres y sus almas por la Redención de Jesús el Cristo.

El que vaya como hombre por este camino de conciencia de los siete peldaños, su alma encarnada sentirá ya la gloria, que Dios, nuestro Señor, regala a todo aquél que lo ama

Después de la disolución física, el alma del ser espiritual entrara en la luz eterna, pasando brevemente por los siete ámbitos.

El regreso de un alma, que ya encarnada se convirtió en un ser espiritual, significará una gran fiesta para ella y los mundos superiores.

Una cascada de luces la envolverá, serán los seres de la luz, los que la rodearán y conducirán al alma, al ser espiritual hacia la existencia eterna.

Muchos seres de luz junto a sus familiares y amigos vendrán de la región donde también tiene su patria el ser espiritual.
.
En breve el cuerpo etéreo se desarrollara por completo, por lo que el alma se habrá convertido en un ser espiritual absoluto, y sentirá las fuerzas luminosas y perfectas del reino eterno.

En cuanto el cuerpo etéreo es completamente idéntico al cuerpo universal del Padre, con el universo puro, se abre el muro de la ley, el portal de rosas, a la conciencia universal absoluta.

Se encuentra sobre un puente de luz y mira hacia un precipicio, que provisto de peldaños lleva a sus profundidades.

Una vez más puede tener una visión retrospectiva y observar su evolución.

Ve a muchos hombres y almas conocidas, que habrían sido sus amigos y compañeros de trabajo con las que hubo conversado.

.El ser experimenta otra vez su evolución, su fuerza y sus debilidades.

Todo lo ve el ser espiritual desde el puente de luz.

Sabe que todo eso lo ha dejado atrás. La cadena de reencarnaciones ha acabado, el círculo se ha cerrado.

En el ser espiritual quedará el recuerdo, pero ninguna atadura. Estará absolutamente libre y fundido con la unidad universal.

El precipicio se cierra. Acompañado por muchos seres espirituales, camina por el puente etéreo hacia la existencia eterna, donde se encuentra su patria eterna, su hogar.
— 13 —

No es infrecuente, que precisamente estos seres que han regresado, pronto vuelvan a presentarse para pedir una función como espíritu protector o ángel instructor.

Con este ruego penetran en su interior, para pedir a Dios este acto de misericordia.

Dios; el Espíritu omnipresente, da respuesta a cada ser a través de las corrientes etéreas, que fluyen por cada cuerpo espiritual.

Con estas palabras de misericordia divina, el ser, después de consultar con su familia espiritual, se dirige al divino logos planetario y le presenta el ruego hecho a Dios Padre y la respuesta del Señor, que también puede verse en la irradiación luminosa del ser espiritual.

La familia espiritual y el jefe del planeta entonces planean de acuerdo con la ley de irradiación divina, cuando se dará la mejor posibilidad para ejercer la función de espíritu protector o ángel instructor de un hombre.

El jefe del planeta le transmite al ser espiritual las fuerzas, luminosas necesarias para que el ser pueda entrar en contacto con un hombre o con un alma que vive en los planos astrales.

Para cada ser espiritual significa una misericordia especial, sí puede ejercer la función de espíritu protector o ángel instructor en los planos de purificación material El servir al prójimo en estos ámbitos de vibración inferior, es la máxima alegría, ya que es allí donde el amor es mas necesario.

SI entonces un espíritu protector o un ser instructor han logrado acercar a su protegido algunos grados de conciencia hacia Dios, esto significara una alegría inmensa.

La misión ha sido cumplida en su mayor parte, el alma ha encontrado el camino.

Si incluso ha llegado hasta la conciencia universal, no sólo es una gloria y felicidad para el protegido, sino también para el ser instructor, que estará, conmovido y agradecido por la fuerza de Dios, que les alcanza a ambos y que ya les ha unido estrechamente en la materia o en un plano astral.

Mientras el alma esta encarnada podrá ascender hasta la conciencia universal, pero sólo el cuerpo espiritual, el alma libre del cuerpo físico y purificado, puede entrar en la absoluta conciencia universal del Padre. Es decir, en el Reino eterno; no sólo indirectamente como en el caso de estar encarnada, sino directa, visible y perceptiblemente, consciente y completamente pura.

El ser espiritual vuelve a tomar su lugar eterno en el Reino eterno,

Como un ser instructor o jefe de sistema solar o de planeta, como supervisor en los planos de desarrollo etc.
Así el ser espiritual habrá logrado encontrar el camino hasta la absoluta conciencia etérea universal del Padre.

El camino del Cristo de Dios de los siete peldaños tiene que transitar lo cada alma.


Los cuatro primeros ámbitos de conciencia son el camino del Gólgota el reconocimiento y la vida, el caer y volverse a levantar.

En cada plano el ego, en el que se encuentran las debilidades humanas, debe ser inmolado, hasta que el hombre se ha crucificado por completo y el espíritu domine la materia.

Entonces él y su alma estallarán en júbilo y dirán las palabras del Señor:

“Padre, está consumado. En Tus bondadosas manos entrego mi espíritu’’. El camino del Señor va por esta Tierra.

Bienaventurados aquellos hombres y almas, que han encontrado en si, al Espíritu de la vida, Ya no están lejos de la meta eterna.

Esto es: El Padre y yo somos uno.

Volver a los talleres Metafísicos Ir al material alusivo a los Chakras