Reflexión sobre el dinero

 

Por mucho tiempo hemos creído que el dinero iba en contra de lo espiritual. Esto ha motivado errores en nuestra forma de pensar, considerando que quienes más tienen, menos espirituales son.


Al conocer las Leyes Universales, comprendemos que a cada ser le toca lo que le corresponde, en función de su evolución, crecimiento y aprendizaje.

Mucha gente rica no es feliz, porque debe aprender en esta escuela de vida a utilizar bien el dinero que tiene.

Si prestamos atención, vemos que aquellos adinerados que no están en la correcta senda del amor de Dios, difícilmente son felices, siempre les falta algo en sus vidas.

Asimismo, quienes son pobres, económicamente hablando, no son más espirituales por esta condición, solo que en la desesperación acuden más rápido a la búsqueda de algo superior que los ayude.


Los seres se comportan bien o mal, pero todos son hijos de Dios. Así, puede ser avaro o generoso, tanto un rico como un pobre, todo está en su personalidad y crecimiento interno.


El dinero no es ni más ni menos que una energía manifestada en forma material, pues este plano es material. Sirve para poder manejarnos en esta vida. El dinero no es malo, todo depende del uso que le demos.


La prosperidad no es mal vista por Dios. Por mucho tiempo confundimos la palabra "pobres" mencionada en la Biblia al ser indicado que ellos llegarán a los cielos, en el significado de falta de dinero y así consideramos que está mal tener dinero.

La referencia bíblica alude a "pobres de corazón". Humilde de corazón, no humilde por pobreza material. Así por mucho tiempo consideramos que ser prósperos iba en contra de Dios.


Por eso seamos prósperos, sin vanidad ni avaricia. Seamos generosos y recibiremos por la Ley de Afinidad o Correspondencia, generosidad y prosperidad.


Reflexionemos que no debemos renegar del dinero, sino aprender a usarlo bien, como una energía dirigida hacia nosotros, nuestros seres amados y toda la humanidad.

Lo importante del dinero es hacerlo circular, no estancarlo. Quien no da, no recibe.


Recordemos que somos administradores y no dueños de las cosas, pues al finalizar esta vida en este plano material, no nos llevaremos más que las acciones que desarrollamos durante la misma.