
Aprendemos que este cuerpo que tenemos es un vehículo pasajero y que en realidad somos Esencia, somos seres espirituales que tomamos forma en la materia para aprender y transitar el mundo y al ir evolucionando acercarnos más a Dios.
Nuestro cuerpo es una proyección de la mente. Las sensaciones que están en la materia (cuerpo carnal) tales como dolor, placer, sufrimiento y otras son mera ilusión.
El cuerpo humano entonces, es producto de la mente del hombre y no el hombre en sí. La apariencia física se torna bella o fea según la mente, y también la salud cambia de estado según la mente.
Cuando comprendamos cabalmente este principio, podremos dominar y modificar el cuerpo según nuestro deseo y voluntad.
Si el cuerpo material siente el dolor, que no está en la materia, es debido a la presencia de la mente que lo torna sensible.
Hay que desechar la idea de que el cuerpo material es real y que uno es un cuerpo carnal. Uno es hijo de Dios y tiene vida inmortal, en cambio, el cuerpo carnal es transitorio y mortal. Debemos mentalizar la salud en todo momento, sin pensar en la enfermedad.
Al morir nuestro cuerpo carnal, nuestra mente lo abandona y conserva su individualidad con su propia fuerza mental y continúa viviendo en el mundo espiritual. Es lo que se llama Espíritu.
Si la persona purificó su mente, ingresará
en un mundo espiritual elevado, adecuado a él. En cambio, si no purificó
su mente, creará con su fuerza mental un ambiente adecuado a él
y padecerá en ese ambiente.
Es decir, que nosotros con nuestros pensamientos y acciones somos los responsables
de nuestro futuro. Por eso, es conveniente centrar nuestra atención en
lo real manteniendo pensamientos elevados y jamás permitirnos pensar
en el mal, en la impureza, el sufrimiento o en la enfermedad.
Todo eso no es creación de Dios, son
solo fantasmas creados por nuestra mente humana.
La oscuridad no es real, es ausencia de luz.
Lo que Dios no creó es irreal.
Al respecto leemos en las sagradas escrituras:
En el principio era el
verbo y el verbo era con Dios
Y desde el verbo todo fue creado
Y fuera del verbo nada ha sido creado.
Dios es amor y no creó desamor, ni maldad, ni enfermedad,
ni dolor.
Para quien se asusta de la oscuridad hasta una planta puede parecerle un fantasma
y todo lo irreal puede considerarlo real, porque está en tinieblas.
La enfermedad no es existencia real sino apenas la sombra del temor humano. Cuando la luz penetra en la oscuridad de la mente humana, se extingue el temor y desaparece el sufrimiento y la enfermedad, demostrando que era irreal.
Por eso solo hay que tener en mente, pensamientos e imágenes de una realidad armoniosa, pura y perfecta.
La enfermedad es irreal, ilusión y espejismo ; se la puede combatir con pensamientos sobre lo que realmente somos, hijos de Dios, todo amor, perfección, salud y armonía.
Al tomar conciencia de lo que somos, se destruye la ilusión, el temor y con estos todas las enfermedades que padecemos.
Somos Esencia, seres espirituales, que en nuestro paso por este plano material debemos aprender con este vehículo físico.
Al acabar el ciclo de vida útil del mismo, seguimos vivos, pues la muerte es ilusión, es solo real para el cuerpo carnal, este fallece pero nuestra esencia no.
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